Mostrando entradas con la etiqueta Sociedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sociedad. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de abril de 2010

Más allá de la moral laboral, más acá de la ética profesional.

Confesiones inéditas.

La vida de la Academia suele ser más relajada que la laboral. Inmersos entre una serie de tareas estudiantiles: -compromisos de nuestro propio desarrollo académico- nos debatimos constantemente entre aprender, conocer, cumplir y acreditar una asignatura que en el último de los casos consideramos pertinente (o quizá no) para nuestro desarrollo epistemológico en el área que estudiamos. No obstante, ahí, durante aquellos largos años en los que nos formamos básicamente (licenciatura), específicamente (maestría) y en el área de la investigación (doctorado), es difícil darnos cuenta de las posibilidades que se nos presentan una vez egresados de cualquier tipo de institución. En el último de los casos, damos un gran salto a una microsociedad laboral que nos exigirá y hará que nos exijamos constantemente “algo más allá” de lo que aprendimos en la escuela, y no es que la escuela esté distanciada de lo que “afuera” se nos exija, de hecho nuestro modelo académico (algunos lo siguen llamando nuevo, pero obedece a más de una década) se encuentra basado en lo que hoy está en boca de todos los profesionales de la educación, me refiero a las tan citadas “ competencias”.En suma, se pretende que los alumnos aprendan en la escuela lo que se les solicitará en la empresa, en alguna institución, etc., por lo tanto, es imprescindible la vinculación entre la academia y la futura profesión. Sin embargo, desgraciadamente, muchas veces observamos que esto no se da en su totalidad.

Quisiera referir a mi experiencia personal: egresé de la carrera de filosofía a los 22 años y un año después conseguí una plaza de medio tiempo en la Secretaría de Educación Pública, así, comencé dando clases de historia, español y formación cívica y ética a nivel secundaria, pero ¿qué sabía yo de dar clases?, ¿y qué sabía de dar clases a múltiples adolescentes de 12 a14 años? Nada, la academia no me había preparado para eso. La Escuela únicamente me había enseñado una gama extensa y profunda de conocimientos relacionados con la filosofía y su especificación: filosofía del arte, de la moral, de la política, de la historia, de la ciencia, de la tecnología, pero… nada de enseñar, (pese a que he de aclarar que el campo de la filosofía se encuentra restringido a la investigación y a la docencia). Entonces, ¿no sería pertinente que en la Universidad nos enfocaran epistemológicamente a desarrollar esas competencias? A lo que voy, es que es pertinente –dentro de la educación- que cada uno de ustedes reciba una serie de conocimientos, habilidades y actitudes que serán requeridos cuando laboren. ¿Y todo esto, qué relación tiene con la ética? ¡Mucha! Es sumamente pertinente que ustedes, en el marco de la Ingeniería que les corresponde, desarrollen no sólo conocimientos, sino habilidades y actitudes que requerirán en el mundo laboral, además es ineludible que tendrán que requerir de una ética profesional, insisto, una ética de este tipo tendrá que obedecer a realizar su trabajo con rectitud, con integridad, con la volición ( de la que hablamos en la primera unidad), de llevar a cabo sus sueños pensando siempre en los otros, y actuar conforme a las normas que en la nueva institución se los reclame, siempre y cuando no traicione sus ideales como profesionistas de la ingeniería.

¿Ustedes qué piensan?

miércoles, 17 de marzo de 2010

Dos textos; dos actividades.

Para que tengan en cuenta aspectos importantes del quehacer tecnológico y sus implicaciones en la sociedad, dejo a ustedes dos articulos de excelente calidad

Técnica y Cultura
http://www.oei.es/salactsi/teorema03.htm

La vida social de las máquinas
http://www.reis.cis.es/REISWeb/PDF/REIS_076_09.pdf

Realizar una reflexión de cada texto.

lunes, 15 de marzo de 2010

Revolución Tecnologica Hoy

La revolución tecnológica - Introducción

Si reflexionamos sobre el efecto devastador que tuvo en los años sesenta la “retransmisión en directo” delos horrores de la guerra de Vietnam, empezamos a saber de qué estamos hablando. El efecto de aquellas imágenes en la opinión pública consiguió acabar con la guerra. Los políticos y militares no han vuelto a permitir que vuelva a suceder algo similar; por eso, la “Tormenta del desierto” no tuvo la misma oportunidad.

Las consecuencias de exhibir imágenes políticamente incorrectas disuadió a las autoridades de veleidades informativas. El poder de las imágenes ha sido desde siempre ponderado cabalmente y se ha venido mencionando un supuesto enfrentamiento entre imagen y palabra. Pero si siempre se ha sugerido la preponderancia de la imagen frente a la palabra, ahora, además, se ve reforzada con dos cualidades: la inmediatez y la universalidad. La CNN emitirá el acontecimiento en directo, exactamente en el mismo instante en que éste se está produciendo, e, independientemente del lugar del mundo en que cualquiera se encuentre en ese mismo instante, podrá verlo.

Tiempo y espacio, ¿dónde han quedado?.

Lo anterior no es más que una muestra de lo que se describen como rasgos distintivos de la revolución tecnológica. Una enorme capacidad para procesar y transmitir información a una velocidad creciente, con un coste decreciente, y la posibilidad de distribuirla a través de redes que se extienden por todo el mundo. Las consecuencias de este fenómeno saltan a la vista, reflejándose en una uniformización de modos, hábitos y costumbres. Es el resultado de la distribución universal de imágenes, más o menos estandarizadas, y su impacto en civilizaciones y sociedades de costumbres muy diversas. Es evidente que los avances tecnológicos que se vienen produciendo en las últimas décadas están cambiando las formas de vivir y comunicarse, incluso nos están transformando a nosotros mismos.

La rapidez con que los cambios se producen llena de asombro, y origina fenómenos desconocidos como quela innovación vaya por delante de la producción y los stocks no puedan almacenarse por mucho tiempo, ya que su obsolescencia será inmediata. Ese es, precisamente, uno de los rasgos distintivos de la revolución tecnológica, la aplicación inmediata de las innovaciones. Los productos informáticos son probados por "betatesters" (testadores de versiones beta, o de prueba) y, poco después, pasamos los incautos usuarios a sufrir las consecuencias de la precipitación. Lo mismo puede decirse de todo tipo de artefactos y artilugios cuya vida útil se acorta sorprendente y progresivamente. Las definiciones de lo que es la tecnología coinciden en su mayoría: consiste en el uso del conocimiento científico para especificar modos de hacer cosas de una manera reproducible. También se muestra coincidencia respecto a la bondad o maldad de la tecnología, que no es ninguna de ambas cosas, ni tampoco neutral. La clave está, como en tantas otras cosas, en el modo en que se utilice.

Manuel Castells señala cinco rasgos como identificativos de la nueva situación informacional y tecnológica:

1) La información es la materia prima de la revolución,
2) La innovación penetra en casi toda la actividad humana,
3) El sistema está constituido por y en redes,
4) El sistema es sumamente flexible y,
5) Los avances tecnológicos convergen en sistemas cada vez más integrados.

Una de las razones que explican la expansión de las tecnologías de la información y de la comunicaciónes la conversión de los formatos y la creación del formato digital. Principios teóricos, fácilmente comprensibles, enuncian que lo más comprimido ocupa menos espacio y es más fácil de transportar, aunque a mayor compresión se pierda algo de fidelidad respecto al modelo.
Negroponte, se permite casi un alarde poético al definir un bit como "un estado de ser" o, también, de otra forma más práctica y como se conoce popularmente, al decir que "un bit es un 1 o un 0".

Algo tan simple y pequeño como un bit ha generado la revolución digital. Y es que su esencia se escapa a las habituales pautas de clasificación. Los bits vuelan y no tienen fronteras, son intangibles, no como los átomos. La esencia inmaterial de la información, su vaporosidad, la capacidad de almacenar cantidades ingentes utilizando tecnología digital, es decir bits, ha transformado el mundo.

Las consecuencias de tantrascendente acontecimiento son valoradas de formas diversas y contrapuestas, aquí tan sólo algunas de ellas.

1) Para algunos las consecuencias de vivir en un mundo intercomunicado, global, se están ya viviendo y se llaman movimientos masivos de población, deterioro irreversible del medio ambiente o amenaza del desempleo a gran escala.

2) Otra de las consecuencias de trascendencia capital y cuyas secuelas también se pueden comprobar fácilmente, es la pérdida de relevancia de los Estados en su concepción tradicional y su paulatina sustitución por organismos supranacionales. Nadie duda de la importancia de las decisiones que adoptan Bruselas, el G-7, la Trilateral, el FMI, el Banco Mundial, la OCDE, la OTAN, la ONU, etc.

No obstante, la clave del análisis que se precisa para entender el fenómeno no se encuentra tanto en la ponderación delas bondades de un mundo más racionalmente dirigido o simplemente más centralizado; la clave, radica en la profundización de las desigualdades.

Negroponte señala que "el 20% del mundo consume el 80% de sus recursos", o que "una cuarta parte de nosotros tiene un nivel de vida aceptable y las tres cuartas partes restantes no lo tiene". El último Informe sobre el Desarrollo Mundial, 2000/2001, difundido por una institución también poco ‘sospechosa’ de veleidades revolucionarias como es el Banco Mundial, es sencillamente desalentador ya que, lo peor de todo, resulta ser el ‘crecimiento inverso’ de zonas, regiones, países y continentes.

Asimismo, se puede acudir a los últimos trabajos del premio Nobel Amartya Sen, donde se muestran algunas claves para la transformación del desarrollo en libertad. A lo largo de la reciente historia se han fundido las previsiones con las predicciones. Y, así, se han polarizado dos visiones sobre el futuro: optimistas y pesimistas.

En el terreno de las predicciones, se alude con frecuencia a las teorías de Marshal McLuhan para recriminarle su errónea previsión. Porque el mundo no sólo no ha abandonado la letra seducido por la imagen, muy al contrario, para manejar un ordenador se necesita saber leer y escribir. Y tampoco nos encontramos en una aldea, ni digital, ni analógica; no estamos, en suma, en un mundo feliz. La nueva tecnología electrónica comporta riesgos como la soledad o el requisito de poseer la capacidad de discernir entre lo accesorio y lo sustancial, una nueva capacidad de abstracción.

Estas nuevas capacidades requeridas exigen, una vez más, repensar el modelo de educación: se precisan nuevas competencias que permitan gestionar la abstracción o diferenciar lo real de lo virtual, cualidades, en definitiva, que capaciten a las nuevas generaciones y no condenen a los individuos a ser "indigentes digitales" o "analfabetos tecnológicos".


La revolución tecnológica es diferente.

Las nuevas tecnologías de la información no son simples herramientas para ser aplicadas, sino que son procesos para ser desarrollados. Por primera vez en la historia, la mente humana es una fuerza productiva directa, no solo un elemento decisivo del sistema de producción. Este sistema tiene su propia lógica enclavada, caracterizada por la capacidad de trasladar todos los inputs en un sistema común de información, y de procesar esa información a una velocidad creciente, con poder creciente, a costo decreciente, en una red de recuperación y distribución potencialmente ubicua. Lo que caracteriza a la revolución tecnológica actual no es el carácter central del conocimiento y la información, sino la aplicación de ese conocimiento e información a aparatos de generación de conocimiento y procesamiento de la información/comunicación, en un círculo de retroalimentación acumulativo entre la innovación y sus usos.

Los empleos de las nuevas tecnologías de las telecomunicaciones en las dos últimas décadas han pasado por tres etapas diferenciadas: 1) automatización de las tareas; 2) experimentación de los usos y 3) reconfiguración de las aplicaciones. En las dos primeras etapas, la innovación tecnológica progresó mediante el aprendizaje por el uso. En la tercera etapa, los usuarios aprendieron tecnología creándola y acabaron reconfigurando las redes y encontrando nuevas aplicaciones. Los usuarios y los creadores pueden convertirse en los mismos. De este modo, los usuarios pueden tomar el control de la tecnología como en el caso de Internet.

Existe un rasgo adicional que caracteriza a la revolución de la tecnológica de la información comparada con sus predecesoras históricas. Las revoluciones tecnológicas se dieron sólo en unas cuantas sociedades y se difundieron en un área geográfica relativamente limitada, viviendo a menudo en un espacio y tiempo aislados con respecto a otras regiones del planeta. Así, mientras los europeos tomaron algunos de los descubrimientos ocurridos en China, durante muchos siglos, China y Japón sólo adoptaron la tecnología europea de forma muy limitada, restringiéndose fundamentalmente a las aplicaciones militares.

El contacto entre civilizaciones de diferentes niveles tecnológicos con frecuencia tomó la forma de la destrucción dela menos desarrollada o de aquellas que no habían aplicado su conocimiento sobre todo a la tecnología militar, como fue el caso de las civilizaciones americanas aniquiladas por los conquistadores españoles.

La revolución industrial se extendió a la mayor parte del globo desde sus tierras originales de Europa Occidental durante los dos siglos posteriores. Pero su expansión fue muy selectiva y su ritmo, muy lento para los parámetros actuales de difusión tecnológica.

En contraste, las nuevas tecnologías de información se han expandido por todo el mundo a la velocidad del relámpago en menos de dos décadas, entre mediados de los 70 y mediados de los 90, desplegando una lógica característica de esta revolución tecnológica que no es otra sino la aplicación inmediata para su propio desarrollo de las tecnologías que genera.

Tecnología

Qué es “realmente” la tecnología? ¿La habilidad para resolver cualquier problema? ¿La fuente de todos los males? ¿La manifestación física del genio de la humanidad? ¿El incremento que se puede obtener de una hora de trabajo o de una unidad de capital? ¿El control de la naturaleza por la humanidad? ¿El control de cierta gente sobre otra gente sirviéndose de la naturaleza como instrumento?

Sea cual sea la respuesta la tecnología es nuestra y la responsabilidad del uso de la misma es compromiso de todos, pues la tecnología unida a la ciencia, ha producido en los últimos decenios un cambio claramente perceptible en nuestra forma de vivir y de entender la realidad. El desarrollo inexorable de la ciencia nos ha permitido conocer más y más cosas sobre el mundo que nos rodea, sobre nosotros mismos y sobre las organizaciones sociales que hemos construido. Pero la tecnología nos permite, además, transformar el mundo, nuestras sociedades e incluso a nosotros mismos.

La Tecnología no es buena o mala. La primera Ley de Kranzberg dice lo siguiente: “La tecnología no es ni buena ni mala, ni tampoco neutral. Es en efecto una fuerza, probablemente más que nunca bajo el paradigma tecnológico actual, que penetra en el núcleo de la vida y de la mente. Pero su despliegue real en el ámbito de la acción social consciente y la compleja matriz de la interacción de las fuerzas tecnológicas desatadas por nuestra especie, y la misma especie, son una cuestión que ha de investigarse, más que una fatalidad por cumplirse.

La tecnología en sí misma no es ni buena ni mala, sino que es la manera en que se utiliza una tecnología lo que determina tanto la naturaleza como la amplitud de sus beneficios.

lunes, 1 de marzo de 2010

¿Qué es el hombre? 1ra Parte.

¿Qué es el hombre?


Una pregunta muy compleja con infinidad de respuestas. Podemos decir que el hombre simplemente es; es su entorno su circunstancia, su pasado, su presente, su futuro. El hombre es más que una compleja estructura de tejidos, estructura osea, nerviosa y celular. El hombre es un ente animal, psicológico, social, político, etc. Es un ser lleno de sentimientos, de acciones y reacciones de las que destaca la más importante y la que establece la principal diferencia con otros organismos vivos, el hombre es un animal político y racional


Partiendo de la respuesta anterior hemos de decir que el hombre es un ser social, un ser que se establece en sociedad, la cual es una agrupación constituida por personas, las cuales están individualizadas, pero también unidas bajo los mismos fines.


El hombre por si solo no puede concebirse sino es con alguien más, no puede estar aislado, ya que necesita de los demás para lograr cubrir sus necesidades, el hombre necesita bastarse de sus semejantes para lograr la satisfacción de sus necesidades y aspiraciones.


El hombre es el elemento fundamental de la sociedad, son los propios individuos de la especie, otros semejantes, que en combinación con la naturaleza, conforman una totalidad que más allá del numero de integrantes hacen valida la esencia de la integración plural de ideas. Por ello a esa fusión que conforma una asociación de elementos la denominamos sociedad.


Para Platón la sociedad tiene un origen egocéntrico, el hombre para Platón es un animal egoísta por naturaleza. Así podemos decir que el origen de la sociedad, podría remontarse a los meros orígenes del hombre, pues en el entorno natural en donde se encontraba, y respondiendo a sus necesidades se ve obligado a relacionarse con otros ya que no es capaz de bastarse por si solo, tanto material como espiritualmente hablando.


La sociedad aquí tiene una imagen creadora: el egoísmo primigenio del hombre. Dicho egoísmo conlleva a una condición de impotencia al momento en que el hombre no es capaz de hacer frente a la naturaleza y a los retos que esta le impone. Por tal razón el hombre con aras de satisfacer su necesidades busca su propio bien y su felicidad por lo que decide asociarse, solidarizarse con otros de su especie para así lograr objetivos comunes.
Ya los primeros vestigios de la humanidad nos remontan a que las primeras grandes civilizaciones se constituyeron apartir de la decisión de solidarizarse para así conformar un conjunto de normas y/o leyes, como las que se formaron en Babilonia, para los grandes historiadores de las primeras civilizaciones son los dioses quienes dictan las leyes a los hombres, por eso, las leyes son sagradas.
En una primera conclusión diremos que la sociedad tuvo su motivo de existir: satisfacer sus necesidades, sí bien el hombre es egoísta, la necesidad para solucionar problemas se convierte en el eje que articula una colectividad, misma que centra sus bases en el individuo y su satisfacción.


El hombre se une por una causa, su satisfacción; satisfacerse demanda cumplir y cubrir sus necesidades, combatir males, protegerse del extraño, etc. Al final el beneficio del grupo es el beneficio del propio individuo, así que mientras una sociedad no logre satisfacer al grupo, el individuo estará en franca molestia, misma que puede desencadenar un rompimiento social.


El objetivo de la sociedad es por lo tanto lograr el bienestar del grupo de integrantes, por medio de especializaciones individuales, es decir, que los integrantes se sirven cada uno de ellos a si mismos. Logrando abarcar la mayoría de las necesidades individuales dentro del grupo.


El hombre es un ser social y al respecto existen dos grandes interpretaciones del por qué el hombre es un ser social, la primera nos remite al Génesis en el "Texto" el hombre no es visto como un ente único en el mundo, sino que por el contrario se considera como célula humana a la unidad hombre - mujer, es decir que, el hombre es por esencia y necesariamente un ser en y para con, es decir, un ser social.


La segunda interpretación nos remite a Hobbes que en El Leviatán afirma que el hombre no es social por naturaleza, y que la sociedad no es la respuesta a una tendencia natural sino a una determinación artificial, la cual se basa en pactos, convecciones y alianzas. Recordemos que el hombre es un ente egoísta, que tiene como mayor defecto el ser ambicioso, el perseguir una tentación de poder lo lleva a comportarse de manera salvaje, para Hobbes el hombre es malo por naturaleza: Homo homini lupus.



La anterior sentencia no es propiamente de Hobbes, aunque este la popularizo, Es originaria del comediógrafo latino Tito Marcio Plauto, dicha frase podemos encontrarla en su brillante obra de nombre Asinaria, donde se lee lo siguiente: "Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit." Que traducido significa: Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro.



Retomemos la consideración hobbesiana y dejemos en claro que para él, el hombre es víctima de su propio egoísmo, de su irrestricta ambición de poder, por lo que se enfrenta a los demás individuos de su especie, por ello lejos de reconocerlos como su igual, los ve como sus enemigos .



Rousseau al igual que Hobbes considera que la organización social no deriva de una tendencia natural que impulsa a los individuos a asociarse entre si, sino que el hombre, al encontrarse ante un medio adverso, busca soluciones en las alianzas, a fin de vivir con una mayor seguridad.
Para Rousseau el contrato que establecen los hombres es el principio que genera toda sociedad, el hombre es un egoísta y en un estado natural se muestra como un salvaje, como un ente violento que en todo momento desea apoderase de la propiedad del otro, por tal motivo el hombre vive con miedo ante el otro, al no reconocerlo como su igual entra en un estado de guerra constante, una guerra de todos contra todos en este primer momentm Rousseau llama al hombre como un Salvaje.
Al darse el pacto el hombre cede parte de su libertad y la decanta en un poder soberano, mismo que recibe el nombre de Pacto Social para Rousseau dejando de lado su estado salvaje para pasar a ser un Buen Salvaje. El Estado así se convierte en el garante de la paz perpetua entre los hombres. El soberano tiene por ley garantizar el bienestar y la satisfacción de sus necesidades afín de preservar la armonía entre los hombres y evitar que estos se maten.

martes, 23 de febrero de 2010

Sujeto y poder: Una interpretación psico-social desde Foucault

Sujeto y poder.

Por qué estudiamos el poder: la cuestión del sujeto

“...mi objetivo ha sido elaborar una historia de los diferentes modos por los cuales los seres humanos son constituidos en sujetos. Mi trabajo ha lidiado con tres formas de objetivaciones, las cuales transforman a los seres humanos en sujetos. El primero, el modo de investigación que trata de darse a sí mismo el estatus de ciencia... (...) En la segunda parte de mi trabajo he estudiado los modos de objetivación a los que yo llamaría prácticas divisorias. El sujeto está dividido tanto en su interior como dividido de los otros. Este proceso lo objetiva. (...). Finalmente, ... los modos en que los seres humanos se transforman a sí mismos en sujetos. (...). Por lo tanto, no es el poder sino el sujeto, el tema general de mi investigación.” (p. 8)

“Soy escéptico respecto a la presunción de que la problemática del poder haya emergido recién en el siglo XX. Para nosotros la problemática del poder, no sólo configura una cuestión teórica sino que es parte de nuestras experiencias. Me gustaría referirme solamente a dos formas patológicas de estas experiencias, aquellas dos enfermedades de poder, el fascismo y el stalinismo. (...) a pesar de su propia locura interna, se valieron de ideas y mecanismos de nuestra racionalidad política.” (p. 8)

“La relación entre racionalización y excesos de poder político es evidente ... ¿qué hacer con un hecho tan evidente? ¿Debemos juzgar a la Razón? Desde mi punto de vista, nada sería más estéril. En primer lugar, porque este ámbito nada tiene que ver con la culpabilidad o la inocencia. En segundo lugar, porque no tiene sentido referirse a la Razón como entidad contraria a la no-Razón. Por último, porque tal juicio nos induciría a engaño, a adoptar el papel arbitrario y aburrido tanto del racionalista como del irracionalista. (...). Sería conveniente no tomar como un todo la racionalización de la sociedad o de la cultura, sino analizar tales procesos en diversos campos, cada uno en referencia a una experiencia fundamental: locura, enfermedad, muerte, crimen, sexualidad y así sucesivamente. Creo que la palabra racionalización es peligrosa; lo que debemos hacer es analizar racionalidades específicas, más que invocar constantemente al Progreso y a la racionalización en general. (...).

Más que analizar el poder desde el punto de vista de su racionalidad interna, consiste en analizar relaciones de poder a través del antagonismo de estrategias. (...). Con el propósito de entender de que se tratan las relaciones de poder, tal vez deberíamos investigar las formas de resistencia y los intentos hechos para disociar estas relaciones.” (p. 9)

“Hay dos significados de la palabra sujeto; sujeto a otro por control y dependencia y sujeto como constreñido a su propia identidad, a la conciencia y a su propio autoconocimiento. Ambos significados sugieren una forma de poder que sojuzga y constituye al sujeto. Generalmente, puede decirse que hay tres tipos de luchas contra las formas de dominación (étnicas, sociales y religiosas); contra formas de explotación que separan a los individuos de aquello que ellos mismos producen; o contra aquello que ata al individuo a sí mismo y los subsume a otros de esta forma (luchas contra la sujeción, contra formas de subjetividad y sumisión).” (p. 10)

“Es cierto que los mecanismos de sujeción no pueden ser estudiados por fuera de su relación con los mecanismos de dominación y explotación. Pero ellos no constituyen lo terminal de muchos de los mecanismos fundamentales. Ellos conforman relaciones complejas y circulares con otras formas.(...).

La mayor parte del tiempo el Estado es percibido como un tipo de poder político que ignora a los individuos, que mira sólo los intereses de la totalidad, yo diría, de una clase o de un grupo de ciudadanos. Eso es bastante cierto, pero me gustaría subrayar el hecho de que el poder estatal (y esta es una de las razones de su fortaleza) es una forma de poder, al mismo tiempo individualizante y totalizante.(...).

Esto es debido al hecho de que el Estado occidental moderno, ha integrado en una nueva forma política, una vieja técnica de poder, que tiene su origen en las instituciones cristianas. Podemos llamar a esta técnica de poder, poder pastoral. (...) (éste) designa una forma especial de poder. 1) Es una forma de poder que tiene como último objetivo la salvación individual en el otro mundo. 2) ...no es meramente una forma de poder que guía, sino que debe ser preparado para sacrificarse a sí mismo por la vida y la salvación de la carne. (...) 3) Es una forma de poder que no atiende solamente a la comunidad en su globalidad, sino a cada individuo en particular durante su vida entera. 4) ...esta forma de poder no puede ser ejercida sin el conocimiento de las mentes humanas, sin explorar sus almas, sin hacerles revelas sus más íntimos secretos. (...) creo que podríamos distinguir dos aspectos del poder pastoral, el de al institucionalización eclesiástica, la cual ha desaparecido o al menos ha perdido su propia vitalidad a partir del siglo XVIII y el de su propia función, la cual se ha diseminado y multiplicado más allá de la institución eclesiástica.” (p. 11)

“De cierto modo, podemos ver al Estado como a una moderna matriz de individualización, o una nueva forma de poder pastoral. (...). Dejó de ser una cuestión de guiar a la gente para su salvación en el más allá, para pasar a ser una cuestión de asegurar su salvación en este mundo. En este contexto entonces, la palabra salvación toma significados diferentes: salud, bienestar, seguridad y protección contra accidentes (...). Alguna vez esta forma de poder fue ejercida por los aparatos del Estado, o por una institución pública cualquiera, como la policía. (...). ...la multiplicación de los objetivos y agentes del poder pastoral focalizaba el desarrollo del conocimiento humano alrededor de dos roles: uno, globalizante y cualitativo, concerniente a la población; otro, analítico, concerniente al individuo.” (p. 12)

“La conclusión podría ser que el problema política, ético, social y filosófico de nuestros días no es tratar de liberar al individuo del Estado y de las instituciones del Estado sino liberarnos de ambas, del Estado y del tipo de individualización que está ligada a éste. Debemos promover nuevas formas de subjetividad a través del rechazo de este tipo de individualidad que nos ha sido impuesta durante siglos.” (p. 13)

¿Cómo se ejerce el poder?

“¿...el poder es algo que existe con tres cualidades distintivas: su origen, su naturaleza básica y sus manifestaciones? (...) ...es necesario distinguir (el poder) que se ejerce sobre las cosas y da a su vez la habilidad de modificar, usar, consumir y destruirlas –un poder que procede de aptitudes directamente inherentes al cuerpo o apoyadas en instrumentos externos. Diría que aquí hay una cuestión de capacidad. Por otra lado lo que caracteriza al poder ... es que este pone en jugo las relaciones entre los individuos (o entre grupos). (...) El término poder designa los relacionamientos entre compañeros (y con esto no estoy pensando en juego de suma-cero, sino simplemente y por el momento permaneciendo en términos generales, en un entramado de acciones que inducen a otras acciones y que se concatenan entre sí). Es también necesario distinguir las relaciones de poder de los relacionamientos comunicacionales que transmiten información por medio del lenguaje de un sistema de signos o cualquier otro sistema simbólico.

Sin duda, comunicar es siempre una cierta forma de actuar sobre otra persona o personas. (...). Más allá de que pasen o no a través de sistemas de comunicación, las relaciones de poder tienen una naturaleza específica. Las relaciones de poder, los relacionamientos de comunicación y las capacidades objetivas no deberían ser confundidas. Esto no equivale a decir que existen tres dominios separados...” (p. 13)

“Es evidente que la coordinación entre estos tres tipos de relacionamientos no es uniforme ni constante. En una sociedad dada no hay un tipo general de equilibrio entre las actividades teleológicas, los sistemas de comunicación y las relaciones de poder. En todo caso existen diversas formas, diversos lugares, diversas circunstancias u ocasiones en las que estos relacionamientos se establecen a sí mismos de acuerdo a un modelo específico. Pero también existen espacios en los cuales el ajuste de las habilidades, los recursos de comunicación y las relaciones de poder constituyen sistemas regulados y concertados.” (por ejemplo, institución educativa) (p. 14)

“Estos sistemas también exhiben diferentes modos de articulación, algunas veces dando preeminencia a las relaciones de poder y obediencia (p.ej. disciplinas de tipo monástico o penitencial), algunas otras, a las actividades teleológicas (p.ej. disciplinas de los lugares de trabajo u hospitales) y otras veces a los relacionamientos de comunicación (como en las disciplinas de aprendizaje), algunas también a la saturación de los tres tipos de relacionamiento (como puede ser en la disciplina militar...). (...)

Para aproximarnos al tema del poder a través de un análisis del cómo, debemos presentar algunas críticas en relación a la suposición de un poder fundamental. Eso es darse a sí mismo como el objeto de análisis de las relaciones de poder y no el poder en sí mismo – las relaciones de poder que son distintas de las capacidades objetivas, así como de las relaciones de comunicación.” (p. 15)

¿Cuál es la naturaleza específica del poder?

“El ejercicio del poder no es simplemente el relacionamiento entre jugadores individuales o colectivos, es un modo en que ciertas acciones modifican otras. (...). El Poder existe solamente cuando es puesto en acción, incluso si él está integrado a un campo disperso de posibilidades relacionadas a estructuras permanentes. Esto también significa que el poder no es una función de consentimiento. (...) ...el relacionamiento de poder puede ser el resultado de un consentimiento más importante o permanente, pero no es por naturaleza la manifestación de un consenso. (...) lo que define una relación de poder es que este es un modo de acción que no opera directa o inmediatamente sobre los otros. En cambio el poder actúa sobre las acciones de los otros: una acción sobre otra acción, en aquellas acciones existentes o en aquellas que pueden generarse en el presente o en el futuro. (...). una relación de poder sólo puede ser articulada en base a dos elementos, cada uno de ellos indispensable si es realmente una relación de poder: el oro (aquel sobre el cual es ejercido el poder) ampliamente reconocido y mantenido hasta el finalidad como la persona que actúa; y un campo entero de respuestas, reaccione, resultados y posibles invenciones que pueden abrirse, el cuál está enfrentando a una relación de poder. (...).

Seguramente la naturaleza se equívoca con el término conducta la cual es una de las mejores ayudas para arribar a términos específicos de las relaciones de poder. Conducir es al mismo tiempo liderar a otros ... y un modo de comportarse con un campo más o menos abierto de posibilidades.

El ejercicio del poder consiste en guiar la posibilidad de conducta y poner en orden sus efectos posibles.” (p. 15) “Gobernar no sólo cubre las formas legítimamente constituidas de sujeción política o económica,sino también modalidades de acción más o menos consideradas y calculadas, orientadas a actuar sobre las posibilidades de acción de los oros. Gobernar, en este sentido, es estructurar el posible campo de acción de los otros. (...). Cuando se define el ejercicio del poder como un modo de acción sobre las acciones como el gobierno de los hombres por otros hombres –en el sentido más amplio del término- se incluye un elemento muy importante: la libertad.

El poder sólo se ejerce sobre sujetos libres, y sólo en tanto ellos sean libres. Por esto entendemos sujetos individuales o colectivos que están enfrentados a u campo de posibilidades en el cual diversas formas de comportarse, diversas reacciones y comportamientos pueden ser realizados. (...). Consecuentemente no existe la confrontación cara a cara entre el poder y la libertad, los cuales se excluyen mutuamente (la libertad desaparece en todo lugar donde es ejercido por el poder), sino un juego mucho más complicado.” (p.16)

¿Cómo se pueden analizar las relaciones de poder?

Relaciones de poder circunscriptas a ciertas instituciones (p. 16): 1. “...el hecho de que una parte importante de los mecanismos puestos en funcionamiento por una institución sean designados para preservar su propia conservación.” 2. “...el análisis de las relaciones de poder desde el punto de vista de las instituciones le permite a uno abrir la explicación y el origen del primero en el último, lo que es decir, explicar el poder por el poder.” 3. “...en tanto las instituciones actúan esencialmente trayendo a la acción dos elementos: regulaciones explícitas o tácitas y un aparato institucional, se corre el riesgo de dar a uno u otro un privilegio exagerado en las relaciones de poder y por lo tanto ver en el último sólo modulaciones de la ley y la coerción.” “Esto no niega la importancia de las instituciones en la constitución de las relaciones de poder. Por el contrario, yo sugeriría que se debe analizar las instituciones a partir de las relaciones de poder y no al a inversa y por tanto el punto fundamental de anclaje de las relaciones –incluso si ellas están corporizadas y cristalizadas en una institución- debe ser encontrado fuera de una institución.”(p.16)

“...vivir en sociedad es vivir de tal modo que la acción sobre las acciones de los otros sea posible–y de hecho sucede así. Una sociedad sin relaciones de poder sólo puede ser una abstracción. Por lo cual cada vez es más políticamente necesario el análisis de las relaciones de poder en una sociedad dada, sus formaciones históricas, sus fuentes de fortaleza o fragilidad, las condiciones necesarias para transformar algunas o abolir otras. Decir que no puede existir una sociedad sin relaciones de poder, no es decir que aquellas que están establecidas son necesarias o en todo caso, que el poder constituye una fatalidad en el corazón de las sociedades, tal que éste no pueda ser minado.” (p. 17)

Relaciones de poder y relaciones de estrategia Estrategia (p. 18) 1. designa los medios empleados en la consecución e un cierto fin, es por lo tanto una cuestión de racionalidad orientada a un objetivo; 2. designa la manera en la cual un apersona actúan en un cierto juego de acuerdo a lo que ella piensa que sería la acción de los demás y lo que considera que los demás piensan que sería su acción. 3. designa los procedimientos usados en una situación e confrontación con el fin de privar al oponente de sus medios de lucha y obligarlo a abandonar el combate...

“...si es verdad que en el corazón de las relaciones de poder y como una condición permanente en su existencia hay una insubordinación y una cierta obstinación esencial de parte de los principios de la libertad no hay entonces relación de poder sin los medios de escapatoria o fuga posibles. Cada relación de poder, implica en última instancia, en potencia, una estrategia de lucha, en las cuales las fuerzas no están superimpuestas, no pierden su naturaleza específica, no se vuelven confusas. Cadauna constituya para l otra un tipo de límite permanente un punto de posible revés. (...).

Para una r elación de confrontación, desde el momento que no es una lucha a muerte, la fijación de unarelación de poder se vuelve un objetivo al mismo tiempo que su cumplimiento y su suspensión. Como contrapartida, la estrategia de lucha, también constituye una frontera para las relaciones de poder, la línea en la cual, en vez de manipular e inducir acciones de forma calculada, se debe estar satisfecho con la reacción a ellas luego de un evento. No sería posible para las relaciones de poder existir sin los puntos de insubordinación, que por definición son medios de escapatoria. (...). alcanza su término final tanto en el tipo de acción que reduce al otro a la impotencia total ... como en la confrontación con aquellos que no gobierna y su transformación en adversarios.” (pp. 18-19)

Nota: El presente texto retoma las frases más sobresalente del texto de Michel Foucault: beyond structuralism and hermeneutics (Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermeneútica), Chicago University Press, 1983.

jueves, 11 de febrero de 2010

Filosofia y sociología de la ciencia

Filosofía y sociología de la ciencia.

Resumen

La imagen académica y social de la ciencia y la tecnología ha sufrido profundos cambios a lo largo de este siglo. La concepción clásica de la ciencia como conocimiento verdadero y libre de valores sobre la naturaleza quebró con las tesis de Kuhn, a partir de las cuales se instauró una tradición que rompe no sólo con la filosofía positivista, sino con la sociología mertoniana centrada en el análisis de la comunidad científica. En este trabajo se repasan diversas corrientes de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología (CTS), incluyendo los programas relativistas de la sociología del conocimiento científico y los enfoques etnometodológicos. A partir de la crítica filosófica y cultural, se desemboca en las actuales propuestas de evaluación constructiva de tecnologías, con su énfasis en la necesidad de diseñar estrategias políticas que permitan el control democrático de la innovación, y en el aprendizaje social que admita la discusión de los supuestos implícitos en cada alternativa, de modo que las tecnologías sean un reflejo de decisiones conscientes al servicio de valores sociales y ambientales ampliamente compartidos.

ÍNDICE

1. DE LA IMAGEN HEREDADA DE LA CIENCIA A LA REVOLUCIÓN HISTORISCISTA

2. DE LAS SOCIOLOGÍAS DEL ETHOS CIENTÍFICO A LA SOCIOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO

3. CRÍTICAS A LAS ESCUELAS SOCIOLOGISTAS DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO Y NUEVA FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

4. DE LA FILOSOFÍA DE LA TECNOLOGÍA A LAS TEORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA TECNOLOGÍA

5.ALGUNAS CRÍTICAS AL CONSTRUCTIVISMO SOCIAL DE LA TECNOLOGÍA: EL INTERÉS POR LA EVALUACIÓN DE LAS TECNOLOGÍAS

6. EL ENFOQUE TRADICIONAL DE LA EVALUACIÓN DE TECNOLOGÍAS Y SU CRISIS

7. HACIA UNA EVALUACIÓN CONSTRUCTIVA DE TECNOLOGÍAS

8. BIBLIOGRAFÍA

1. De la imagen heredada de la ciencia a la revolución historicista

Durante buena parte de este siglo la imagen académica de la ciencia vino impuesta por el programa filosófico que desde los años 20 elaboró el Círculo de Viena (Moritz Schlick, Rudolf Carnap, Otto Neurath, etc.), centrado en establecer los criterios demarcadores que permitirían distinguir la ciencia de otras formas de conocimiento. Se pretendía elaborar un programa neopositivista consistente en la constitución de una ciencia unificada (formalizada y axiomatizada) recurriendo a las herramientas del análisis lógico-formal (Kurt Gödel, Alfred N. Whitehead, Bertrand Russell), que conduciría al abandono total de la metafísica (siguiendo las ideas del Wittgenstein del Tractatus) y al rechazo (como carente de sentido) de todo lenguaje no dotado del marchamo de "científico". Pronto se presentaron problemas en el núcleo de esta doctrina (la teoría de la verdad como estricta correspondencia entre los hechos de observación y las proposiciones sobre ellos conoció varias elaboraciones), que condujeron al debate sobre la relación entre el lenguaje y la realidad, pero que no quedaron resueltos al producirse la diáspora del Círculo en la época nazi.

A pesar de la liberalización traída por Karl Popper, sustituyendo el criterio de verificación por el de falsación, y su reconocimiento de que no disponemos de un criterio de verdad, su epistemología sigue bebiendo de la tradición de raigambre positivista, centrada en el contexto de justificación (la base lógica para justificar nuestro conocimiento), descuidando como irrelevante el contexto de descubrimiento (las circunstancias sociales y culturales que inciden en la generación de dicho conocimiento).

Esta imagen de la ciencia (conocida a menudo como concepción heredada), imperante hasta los años 60 se puede caracterizar por los siguientes rasgos: a) la ciencia es el modo de conocimiento que describe la realidad del mundo (siendo acumulativa y progresiva); b) la ciencia es nítidamente separable de otras formas de conocimiento (que en el programa neopositivista se estiman residuos metafísicos o veleidades poéticas); c) las teorías científicas tienen estructura deductiva, y pueden distinguirse de los datos de observación; d) la ciencia es unitaria, y todas las ramas podrán ser reducidas a la física; e) la ciencia es neutra, está libre de valores.

Las filosofías clásicas de la ciencia, (tanto en su versión verificacionista, como en la falsacionista) entraron en estancamiento y quiebra ya al comienzo de la década de 1950, en buena parte debido a la imposibilidad de aplicar sus rígidos aparatos formales a grandes sectores de disciplinas científicas reales. Como dice Juan Vázquez (1988), se había creado una ciencia ideal "que ellos mismos forjaron a imagen y semejanza de sus más nobles deseos lógico-formales". En los años 60, autores como Kuhn, Feyerabend, Toulmin o Hanson, con atención a la historia, inauguraron un nuevo enfoque, con un mayor énfasis en la dinámica de la ciencia y en el contexto de descubrimiento. Había que olvidarse de intentar atrapar "esa cosa llamada ciencia" (título de un libro de Chalmers) en los moldes del análisis lógico, y en cambio recurrir a consideraciones históricas e incluso evolutivas. Otros de los mitos de la concepción heredada de la ciencia que iban a caer eran la imagen de un desarrollo lineal y acumulativo de progreso de los conocimientos, y la separación entre ciencia pura y ciencia aplicada o tecnología, estando la primera a salvo de enjuiciamiento moral, mientras la segunda podría hacerse acreedora de tales juicios en función de su buena o mala aplicación.

Hanson, apoyándose en la psicología de la Gestalt, señaló la "carga teórica de los hechos", es decir, el que todo dato recogido es un dato lastrado por el contexto previo del experimentador. Dependiendo del entorno cultural y de pre-juicios (a menudo ocultos), el observador destaca ciertos datos y los relaciona de forma diferente a la que se daría en otro contexto. Este tema ha pasado a la discusión filosófica como la infradeterminación de los datos de observación por nuestras teorías previas.

La mayor parte de los estudiosos reconocen que la obra de T.S. Kuhn La estructura de las revoluciones científicas (1962) señala el punto de inflexión en la imagen tradicional de la ciencia y el arranque de ulteriores visiones sociológicas que llevarían hasta su límite muchas de sus ideas. El seminal trabajo de Kuhn ofrece una imagen de la ciencia en devenir histórico, consistente en períodos de ciencia normal y períodos de ciencia revolucionaria. En los primeros, la disciplina se centra en ampliar y perfeccionar el aparato teórico y conceptual establecido, aplicándolo a la experiencia, ajustándose y refinándose la base teórica, pero sin cuestionar los supuestos y fundamentos que guían la investigación; esta fase de ciencia normal sería "acumulativa", puesto que se dedica a ampliar las observaciones que apuntalan el marco teórico. Cuando surgen problemas o anomalías, se las intenta minimizar o hacer encajar mediante los convenientes ajustes emanados del propio marco, pero si las dificultades son serias y persisten, puede sobrevenir un período de crisis que conduce a cuestionar los mismos supuestos del marco imperante: se proponen alternativas hasta que alguna de ellas logra "nuclear" y organizar un nuevo cuerpo teórico que permita explicar los enigmas que desencadenaron la crisis (fase de revolución científica, no acumulativa, de ruptura epistemológica). Según Kuhn, las ciencias maduras suelen desarrollarse por saltos revolucionarios que sustituyen un paradigma científico por otro, con períodos intermedios de ciencia normal. En los períodos de salto de paradigma se asiste a una reconstrucción del campo científico sobre nuevos presupuestos, tanto desde el punto de vista teórico como desde el observacional.

Para Kuhn la ciencia se define como la acción colectiva de comunidades científicas que usan una serie de métodos, conceptos y valores compartidos (incluidos los metafísicos no explícitos). Las disputas científicas se dirimen no sólo con valores cognitivos, sino también, y de modo fundamental, en su resolución intervienen factores sociales y culturales. El cambio de paradigma científico se produce cuando, tras una controversia, todos los científicos de un área incorporan un determinado modo de ver y explicar los problemas, que viene a sustituir al viejo paradigma previo.

Durante los períodos de controversia se manifiesta la inconmensurabilidad de teorías rivales: los propios conceptos básicos cambian de significado, y cada paradigma en pugna percibe de forma diferente un mismo fenómeno de observación. No es posible la "traducción" de una teoría a otra, ni la mera reducción de una de ellas a la otra. La originalidad de Kuhn estribó en mostrar que la resolución de conflictos entre teorías rivales no sólo recurre a valores epistémicos y cognitivos, sino que depende también de factores externos a la propia ciencia. Sin embargo Kuhn no es un relativista ontológico, sino epistemológico y lingüístico. El problema de la inconmensurabilidad se reduciría a la imposibilidad de traducción de un paradigma a otro, y el hecho de reconocer influencias externas no racionales en la resolución de las controversias no implica que se trate de un proceso arbitrario.

Esta "revuelta" historicista en filosofía de la ciencia representó, pues, un duro golpe a la tendencia prescriptivista, y un giro hacia el "descriptivismo". Las teorías son objetos complejos, con un componente formal (o formalizable) y otro aplicativo, cada uno con un núcleo que la comunidad considera bien asentado. Otro punto importante fue que las teorías-paradigma no pueden compararse por su contenido, pero sí por su capacidad de explicación de los problemas, pero en esta cuestión interfieren siempre factores psicológicos y sociológicos que dificultan (si no imposibilitan) el enjuiciamiento de las teorías sólo por sus elementos internos.

La obra de Kuhn supuso no sólo el mazazo definitivo a la imagen positivista de la ciencia, sino que entró en pugna con las ideas por entonces en boga de Popper, y aunque ha sido criticada en cuanto a la resolución de los problemas que plantea, tuvo la virtud de espolear el inicio de toda una tradición de crítica desde las ciencias sociales que ha supuesto un vuelco en el modo de considerar la empresa tecnocientífica. Se puede decir que, desde Kuhn, es imposible dejar de lado los aspectos históricos y sociales de la ciencia a la hora de entender este modo de conocimiento. Se suele considerar igualmente que Kuhn estableció las bases para el relativismo científico, si bien su relativismo deriva esencialmente de la intraducibilidad de unas teorías a otras. El último Kuhn acentuaba la idea de que intraducibilidad no equivale a incomunicabilidad, ya que siempre es factible (tanto en los lenguajes naturales como en los científicos) la interpretación y el aprendizaje de un lenguaje desde otro, si bien la reducción entre lenguajes o paradigmas diferentes nunca podrá ser total.

Entre los autores que recogen y matizan (a menudo para criticarlas) las ideas de Kuhn cabe citar a Imre Lakatos, que caracteriza la ciencia como una competencia entre programas rivales de investigación, y que se adscribe a lo que él llama un falsacionismo metodológico sofisticado (frente al "ingenuo", de Popper). Cada programa consta de un núcleo duro de teorías, protegido de los ataques por un grupo de hipótesis auxiliares que se van readaptando o sustituyendo, hasta que ya no pueden resistir el ataque de otras teorías al núcleo duro. El progreso de la ciencia consiste en diseñar teorías con contenidos empíricos mayores que las precedentes (capacidad de predicción de hechos nuevos).

Precisamente la cuestión acerca del progreso científico, junto con las de la carga teórica de los hechos y la incomensurabilidad entre teorías, han formado parte de los debates más acalorados entre diversas tradiciones filosóficas en torno a la visión post-positivista inaugurada por Kuhn. Furibundo opositor al relativismo, pero con una interesante asimilación de la revolución kuhniana, Larry Laudan adopta el punto de vista pragmatista de que la ciencia se propone la resolución de problemas empíricos y conceptuales. Ha elaborado una teoría de las tradiciones de investigación en las que éstas (que a diferencia de en Lakatos, pueden incluso cambiar su núcleo duro) se caracterizan por dotarse de un conjunto de directrices no sólo metodológicas sino también ontológicas (supuestos metafísicos). Una tradición tiene éxito cuando conduce a la solución apropiada de un número creciente de problemas empíricos y conceptuales.

2. De la sociología del ethos científico a las sociologías del conocimiento científico

Robert K. Merton está considerado como el padre de la sociología de la ciencia, y su período de máxima influencia (junto con sus discípulos y colaboradores de la Universidad de Columbia) llega hasta los años 70. El programa mertoniano se mueve en torno a la ciencia considerada como institución social, sin abordar su núcleo epistemológico. En el clásico artículo de 1942 Merton propone su visión de la comunidad científica como un grupo social diferenciable por una serie de normas no escritas (el llamado ethos científico): a) comunalismo (diseminación accesible y pública de los resultados a los demás científicos y a la sociedad); b) universalismo (no exclusión por ningún criterio exterior a la ciencia); c) desinterés (evitación de intereses y prejuicios materiales); d) originalidad (apertura a la novedad intelectual); e) escepticismo organizado (que sirve de base a las polémicas científicas y a la evaluación crítica de unos científicos por otros). La escuela mertoniana desarrolló numerosos estudios sobre la expresión histórica de este ethos y sus eventuales anomalías (fraudes científicos, quiebra del universalismo meritocrático debido a la posición inicial de ventaja de ciertos individuos o grupos, etc.). Entre otros autores, John Ziman ha prolongado hasta hoy estas ideas, buscando los procesos sociales que intervienen en la generación y aceptación del conocimiento científico: modo en que se organizan las disciplinas, factores motivadores de la empresa científica, influencia de la tecnificación, efectos de la tendencia a la privatización de la innovación y al trabajo en grupos interdisciplinares en el contexto de una sociedad post-industrial, etc.

Desde hace unos 30 años la sociología ha venido tratando no sólo el contexto de descubrimiento sino que con paso firme ha encarado el interior del contexto de justificación, contraviniendo el tabú de que la sociología no debía tocar el núcleo epistemológico del conocimiento científico (considerado como una caja negra que no se debía abrir). Diversas escuelas han venido insistiendo, con variadas metodologías y enfoques, en la idea de que el mismo conocimiento científico, en todas sus fases de realización, es un producto social. De este modo se ha inaugurado una línea heterogénea de investigaciones interdisciplinares, que se suele conocer con el nombre de estudios sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) o Estudios sobre Ciencia y Tecnología.

En los años 70, la Science Studies Unit de la Universidad de Edimburgo, con Barry Barnes y David Bloor a la cabeza, pretende fundar las bases de una Ciencia social de la Ciencia, dando origen al denominado "Programa fuerte de la Sociología de la Ciencia", para el que el conocimiento científico es un fenómeno natural cuyo sujeto es la sociedad, y susceptible de análisis empíricos. Se trata ahora de radicalizar las ideas de Kuhn, aportando datos que demuestren que las teorías y creencias de los científicos no sólo están influidas por factores externos, sino que la resolución de controversias ocurre (principal o incluso exclusivamente) mediante factores sociales de la comunidad científica, en los que cobran radical importancia conceptos como los de negociación y lucha de intereses contrapuestos. Para Barnes, se puede mostrar cómo los intereses sociales impregnan el mismo nivel de las observaciones y los experimentos científicos, y por supuesto alcanzan hasta la elaboración de teorías. Estamos ante una visión fuertemente agnóstica respecto del contenido de verdad de cualquier proposición científica.

La escuela de la Universidad de Bath (Harry Collins, Trevor Pinch, etc.) aplicará en los años 80 los postulados del Programa Fuerte al análisis de controversias científicas concretas. Su "Programa Empírico del Relativismo" (EPOR según acrónimo inglés) adopta una estrategia en tres fases: en la primera se muestra la flexibilidad interpretativa de los resultados experimentales, es decir, cómo dichos resultados pueden admitir más de una interpretación; en la segunda, se trata de revelar los mecanismos institucionales, retóricos, de autoridad, etc., que limitan esa flexibilidad interpretativa, y conducen al cierre de la controversia; en la última, se intenta relacionar esos mecanismos de cierre con el entorno sociopolítico y cultural más amplio. Con ello se mostraría cómo en la práctica el consenso científico surge de la negociación y del debate, en lugar de la aplicación del método científico. Con el programa EPOR toma carta de naturaleza el constructivismo social de la ciencia, que niega que la "realidad" o la naturaleza sea la clave del cierre de las controversias, asumiendo un mayor papel factores totalmente sociales. De ahí se sigue que la imagen científica que poseemos de la naturaleza es un constructo social.

En general, los sociólogos de la ciencia están de acuerdo en la adopción de un relativismo epistémico, es decir, que el conocimiento está enraizado en un determinado tiempo y cultura y no se limita a ser reproducción de la naturaleza. Consideran pertinente el estudio de la Ciencia en acción, (título de un famoso libro de Latour), antes de que las teorías sean fijadas y se conviertan en "cajas negras", así como el análisis de aquellos períodos en los que las controversias obligan a abrir esas cajas negras que la comunidad científica dada por supuestas.

Como no podía ser menos, la tesis relativista radical de que la resolución de controversias científicas se debe a factores extra-científicos, provocó el rechazo de la filosofía tradicional de la ciencia, para la que esto supondría la muerte de la epistemología tradicional y la usurpación explicativa de la ciencia por parte de los sociólogos. Evidentemente, estas escuelas sociológicas se han de enfrentar a la sospecha de que otorgan poderes taumatúrgicos al vago concepto de contexto social, al tiempo que deben aclarar por qué la Sociología no habría de aplicarse a sí misma sus propios postulados constructivistas, ya que parece evidente que la sociedad sí es un constructo social. Collins ha llegado a replicar a esto último aludiendo a un "relativismo especial" en el que la noción de sociedad no resultaría problemática, aunque sí la noción de naturaleza.

Sin embargo, no todas los estudios CTS pretenden dar explicaciones ni interpretaciones sobre el conocimiento científico, ni se basan en el análisis de los intereses. Los llamados "estudios de laboratorio" iniciaron una tradición resueltamente "etnológica" y descriptiva de los discursos científicos, renunciando a menudo a dar una explicación de por qué ciertas ideas adquieren el marchamo de científicas. La publicación en 1979 de Laboratory Life por Bruno Latour y Steve Woolgar señala el inicio del interés por la descripción "puntillista", casi "en directo", de lo que ocurre dentro de los laboratorios de investigación, usando una aproximación de tipo etnográfico (aquí los "nativos" son los científicos) y recurriendo al análisis del discurso científico a través de sus "inscripciones" o representaciones. Woolgar no sólo defiende un relativismo epistemológico, sino también el ontológico, ya que lo que denominamos objetos del mundo natural "se constituyen por medio de la representación, en vez de ser algo preexistente a nuestros esfuerzos por descubrirlos" Hay una negativa a aportar explicaciones causales sobre el quehacer de los científicos, ni siquiera recurriendo (como hacía el Programa Fuerte) a creencias e intereses sociales, al igual que se desecha la idea de que el conocimiento científico sea una actividad radicalmente diferente de otros tipos de conocimiento o de prácticas sociales.

Algunas de las propuestas de tipo etnográfico y de análisis del discurso insisten (para no caer en autocontradicción) en su carácter fuertemente reflexivo: cualquier análisis sociológico es una construcción que debe ser "deconstruida" por medio de un simétrico proceso autorreflexivo.

3. Críticas a las escuelas sociologistas del conocimiento científico y nueva filosofía de la ciencia

Estas concepciones sociológicas de la ciencia han recibido numerosas críticas filosóficas sobre la base de su relativismo y antirrealismo (al menos en sus versiones extremas), en la disolución de los límites entre ciencias y pseudociencias y en la desaparición o vaciamiento del significado de objetividad, con una preocupante minusvaloración de los aspectos intelectuales del conocimiento científico. Aunque casi todos reconocen que ha sido positivo introducir estas dimensiones históricas y culturales en la imagen de la ciencia, no todos comparten ni mucho menos que la única alternativa a la visión heredada (empirismo lógico) sea caer en un empirismo y reduccionismo sociológicos. De hecho, como dice Agazzi, la epistemología sociologista nunca ha sido capaz de mostrar el nexo causal entre las condiciones sociales de una época y ambiente dados y la forma de las leyes naturales enunciados en ellos, y tampoco puede explicar la aceptación transcultural de los contenidos. Por otro lado, el enfoque constructivista a ultranza conduce a la esterilidad epistemológica y se desinteresa de los aspectos prácticos sobre si se debe (y cómo) controlar la actividad científica y su aplicación tecnológica, por lo que ha llegado a ser acusado de conformista.

Los neo-mertonianos, con Gyerin a la cabeza, han reivindicado el trabajo de Merton como portador del germen de lo más valioso que se esconde en las propuestas de los constructivistas (por ejemplo, su idea del escepticismo organizado es una forma de reconocer que los científicos negocian a la hora de elaborar el conocimiento). "Lo que en parte hace única a la ciencia son los procedimientos institucionalizados que definen la intersección de los mundos natural y social. La cuestión clave estriba en cómo se introduce el mundo natural en la ciencia de un modo diferente a como lo hace en otros campos de la cultura, como en la religión o las artes, o incluso en el sentido común". Las propuestas de análisis de discursos se desinteresan de esta pregunta, mientras que los teóricos del Programa Fuerte dicen que la negociación se cierra por medio de retórica, recursos cognitivos y sociales, y por la red de relaciones con diversos poderes. Pero con ello aún no se ha respondido al punto central de Gyerin: todavía no sabemos cómo se "cuela" la Naturaleza en el proceso de clausura de los debates. Querámoslo o no, y a pesar de la "flexibilidad interpretativa" de las observaciones, no todo vale: la realidad acota estrechamente el número de interpretaciones posibles a partir de los datos obtenidos. E incluso admitiendo la carga social del cierre de controversias, ello no equivale a admitir que los nuevos paradigmas surgidos sean arbitrarios. Cristóbal Torres, ha emprendido una interesante línea en la que asumiendo lo que de positivo encuentra en la sociología del conocimiento, reivindica la fecundidad del programa mertoniano para reconocer la especificidad social y cognoscitiva de la ciencia, recurriendo a las herramientas de la sociología política. Para ello explora en temas como el del orden y poder en el ámbito científico, y el cambio de ese orden (dialogando para ello ampliamente con la obra de Kuhn).

Los enfoques etnológicos y de análisis de discurso incurren en lo mismo que critican: hacen de hecho análisis interpretativos y observaciones selectivas, ignorando que todo análisis (por muy desapasionado que se pretenda) está sometido implacablemente a ellos. El mero hecho de realizar análisis del discurso científico presupone la selección, lectura y comprensión de textos.

Muchas de las propuestas actuales intentan dar cuenta de modo satisfactorio de las influencias recíprocas entre el enraizamiento del conocimiento científico en la realidad y el inevitable componente social y cultural con el que este conocimiento se manifiesta

Para Webster (1991), la ciencia puede jactarse de ser la forma de conocimiento más "objetivo" y más racional sobre los objetos naturales, pero puesto que no existen reglas inequívocas a las que se deban amoldar los científicos, se ha de reconocer la naturaleza socialmente construida de esta compleja e interesante institución cultural.

Dentro de la nueva filosofía de la ciencia, cabe citar las interesantes propuestas de Ian Hacking, que en su Representing and Intervening (1983) "rompe la baraja" de las disquisiciones epistemológicas sobre el papel de la razón en las controversias científicas, y se decanta por el estudio del saber científico en tanto que transformador del mundo. Para Hacking, la ciencia es simultáneamente un conocer (teorías científicas) y un intervenir (tecnología). La maduración de las teorías científicas consiste en el mutuo ajuste de equipo, ideas e inscripciones, que se constituye en un sistema simbiótico de mutua interdependencia. La constatación de la estricta coincidencia entre varias representaciones científicas artificialmente construidas (y en este sentido estudia el caso de las representaciones coherentes de un mismo objeto sometido al escrutinio de distintos tipos de microscopios con diversa base técnica), coincidencia que es previa a la enunciación de hechos, es para Hacking un criterio seguro para apoyar las tesis realistas y aceptar las imágenes con las que trabajan los científicos No se puede seguir contraponiendo observación y teoría, ya que las prácticas y los objetos son esenciales para la enunciación de las afirmaciones de conocimiento. Tampoco se puede proponer una definición única de lo que sea la ciencia, ya que los objetos y las prácticas son de naturaleza heterogénea y contingente. Otros autores han insistido igualmente en la especificidad de cada ciencia concreta, provista de sus propias herramientas e instrumentos deductivos. (Por ejemplo, algunas ciencias están muy matematizadas, mientras otras recurren a métodos estadísticos para estudiar colectivos de fenómenos, e incluso en otras predominan los aspectos descriptivos y taxonómicos, con metodologías de generalización inductiva). Esto descartaría la reducción fuerte entre distintas disciplinas, presupuesta por los programas positivistas.

Javier Echeverría (1995, 1996) está elaborando una filosofía en la que se relaciona ese pluralismo metodológico de la ciencia con el pluralismo axiológico de la propia empresa científica. Extendiendo las ideas de Hacking, y puesto que la ciencia es una actividad no sólo de conocimiento, sino de transformación del mundo, la filosofía de la ciencia debe ir más allá del estudio de lo epistemológico y lo metodológico, para incluir los valores que subyacen y que guían dicha actividad. La filosofía de la ciencia ha dejado de ser una filosofía pura y ha pasado a ser una filosofía práctica, por lo que no queda más remedio que abordar su contexto social. Pero dentro de este contexto, hay mucho más que lo estudiado por los sociólogos del conocimiento. Echevarría centra sus esfuerzos en mostrar las interacciones entre cuatro contextos: enseñanza de la ciencia, innovación tecnocientífica, evaluación y aplicación. La filosofía de la ciencia debe hacerse consciente de que la ciencia adquiere su auténtico sentido por sus fines y no por su origen, y que no sólo tiene una base cognitiva, sino que está gobernada por una pluralidad de valores que dan sentido a la praxis científica. La valoración de propuestas científicas es un proceso iterativo que ocurre en todas las fases de la práctica científica, y que no se limita a la elección racional entre teorías alternativas, sino que incluye una serie de valores generales de tipo social, no fundados en la naturaleza del ser humano ni en leyes naturales, ni inferidos a partir de hechos naturales. Para Echeverría, este programa axiológico puede desarrollarse en dos vertientes: una descriptiva, que abordaría la axiología de la ciencia tal como ésta se genera en la actividad de los científicos (y que dependería del trabajo de historiadores y sociólogos) y otra normativa, no respecto a los contenidos y métodos de la ciencia, sino analizando y promoviendo nuevos valores, tanto epistémicos como prácticos, que pueden constituirse en innovaciones axiológicas para los propios científicos. De esta forma, la filosofía de la ciencia, no limitada a ser un saber metateórico, podría contribuir a establecer puentes entre la ciencia y otras formas de cultura humana.

Para ciertos autores,el giro tecnológico en la filosofía de la ciencia (es decir, el reconocimiento de los procedimientos técnicos previos como configuradores de las propias teorías científicas) ha servido no sólo para abandonar la separación clásica entre ciencia y tecnología, sino que ha preparado el camino a los estudios interdisciplinares sobre la tecnociencia. Como veremos, la reciente sociología de la tecnología reconoce el papel no sólo de los agentes humanos, sino el de las agencias materiales, en el desarrollo de la ciencia y la innovación.

4. De la filosofía de la tecnología a las teorías sociológicas de la tecnología

La filosofía de la tecnología surgió más tardíamente que la filosofía de la ciencia, quizá debido a que, como dice Medina (1995), en nuestra cultura ha existido un prejuicio teoricista que ha conducido a una descalificación epistemológica de las técnicas frente al primado de la teoría. A grandes rasgos podemos distinguir dos enfoques opuestos: el que bebe de la tradición analítica, y el de la crítica humanística. Del primero es digno representante Mario Bunge, centrado en el estudio de la racionalidad y del método de la tecnología, que se hacen derivar de la racionalidad científica. Para Bunge, la tecnología no es sino ciencia aplicada, y plasmación material de la forma de conocimiento y actuación más racional que existe. De ahí se derivaría que tanto la ciencia como la técnica son moralmente neutras, y sólo habría que lamentar las malas utilizaciones de ambas por intereses ajenos a los de esa racionalidad. En cambio, buena parte de la filosofía humanista de la tecnología(influida por autores como Lewis Mumford o Jacques Ellul) ha realizado una crítica cultural de nuestra era tecnológica, apelando a una movilización ética e incluso metafísica para impedir que los "auténticos valores humanos" queden ahogados en el camino.

Como podía esperarse de los desarrollos en sociología de la ciencia, una derivación lógica fue ampliarlos al análisis de las tecnologías. Hasta ahora, la mayor parte del trabajo se ha centrado en la realización de estudios de casos y en el intento de elaborar conceptos y formulaciones teóricas que den cuenta y traten de explicar la complejidad que surge de los estudios específicos. Se suelen considerar fundamentalmente tres enfoques: el Programa SCOST (Construcción social de la ciencia y la tecnología), la teoría de la red de actores, y la historia de los sistemas sociotécnicos.

El programa SCOST, encabezado por Trevor Pinch y Wiebe Bijker recurre a la metodología del programa EPOR de la escuela de Bath. Para las escuelas constructivistas de la tecnología, el cambio tecnológico es contingente, y para dar cuenta de él se evitan explicaciones en términos de lógica interna. También lo social y lo económico son, como la tecnología, heterogéneos y emergentes. Las relaciones sociales están constituidas y configuradas por medios económicos y técnicos. No existe ningún plan que en última instancia dirija el cambio histórico (ya sea en cuanto a lo tecnológico, lo económico o lo social). Las tecnologías nacen del conflicto, de la diferencia o de la resistencia entre promotores y afectados. Tales diferencias pueden constituir o no conflictos o desacuerdos abiertos. Los estudios de casos del programa SCOST analizan las estrategias empleadas por distintos actores sociales en dichos desacuerdos, estrategias que se supone están diseñadas para mejorar la propia posición respecto de los adversarios. Tanto las estrategias como las consecuencias de éstas (entre las que se incluyen las propias tecnologías) deberían ser tratadas como un fenómeno emergente.

Para la teoría de la Red de Actores, de Bruno Latour y Michel Callon, los procesos de innovación se entienden como lucha entre distintos actores que intentan imponer su definición del problema que se trata de resolver. El concepto de "actor" engloba por igual a los actores humanos y no humanos (herramientas, máquinas, diseños, instituciones, etc.), y ya no se puede sostener la dicotomía entre actores sociales y objetos, entre humanos y no humanos, sino que hay que hablar de redes de estrechas relaciones entre todos estos colectivos.

Los estudios de los sistemas sociotécnicos han intentado aplicar la teoría de sistemas a la historia de la tecnología. Hay un gran interés en desvelar las mutuas interacciones entre tecnología y sociedad, más allá de discusiones sobre supuestos determinismos de uno u otro tipo. Para Thomas Hughes estas interacciones hacen surgir nuevas tecnologías que modifican las relaciones sociales, pero igualmente hacen aparecer nuevos factores sociales por los que determinados actores pueden a su vez configurar las tecnologías para defender sus intereses.

5. Algunas críticas al constructivismo social de la tecnología: el interés por la evaluación de las tecnologías

La tradición constructivista de la tecnología ha recibido críticas desde sectores adscritos a tradiciones más pragmáticas y preocupadas con las consecuencias del desarrollo tecnológico, que la han acusado de un casi total descuido de las consecuencias sociales de la elección técnica. Igualmente se ha criticado la concepción de actores o grupos sociales relevantes, ya que no queda claro quién dice o decide qué grupos o intereses son los relevantes. Hay una preocupación por los sin voz, pero que se verán afectados por los resultados del cambio técnico. Es importante dar cuenta de las decisiones que se adoptan y cómo se adoptan, pero también del "programa oculto" que influye en tales decisiones, y que nunca se hace explícito. Se trataría de desvelar intereses y procesos sociales más profundos que pueden estar en la base de las elecciones sociales de la tecnología. Finalmente, se critica el aparente desdén hacia todo lo que suene a postura evaluativa, sea de tipo moral o político, que podrían servir para juzgar las posibilidades que ofrecen las tecnologías desde el punto de vista del bienestar y desarrollo de la humanidad.

La "escuela" americana de críticos culturales, tradicionalmente preocupada con los aspectos valorativos de la tecnología, su atención a posibles impactos y su interés por la renovación educativa ha incidido especialmente en la posibilidad de evaluar y controlar el desarrollo tecnocientífico. Autores como Langdon Winner resaltan el hecho de que la tecnología modifica la imagen que tenemos de nosotros como individuos y el papel de la sociedad de modos sutiles y frecuentemente inadvertidos. Para Winner, al aceptar acríticamente una tecnología estamos firmando un contrato social implícito cuyas condiciones sólo advertimos a menudo mucho después de su firma. Este "sonambulismo tecnológico" permite que se vayan remodelando las condiciones de vida humanas de modos no deseados y con consecuencias negativas para amplias capas de la población y para el futuro del planeta. Lo que aparentemente son elecciones instrumentales (elección de técnicas) se revela en realidad como opciones hacia formas de vida social y política que van construyendo la sociedad y configurando a las personas, pero sin que se plantee un momento valorativo y reflexivo que introduzca cuestiones sobre las posibilidades de crecimiento de la libertad humana, de la creatividad o de otros valores. Para Arnold Pacey, la definición de Tecnología debe abarcar no sólo su aspecto material (técnicas en cuanto a artefactos), sino que debe incluir los aspectos organizativos (actividad económica e industrial, actividad profesional, usuarios y consumidores) y los culturales (objetivos y valores afectados por la tecnología y los que deberían ser respetados por ella). Otro influyente crítico cultural americano es Carl Mitchan, que ha elaborado una filosofía de la tecnología que bebe en buena parte de Jacques Ellul, y que reclama el primado de la filosofía y las humanidades para rescatar valores humanos y sociales frente al rodillo tecnológico. El pragmatista Paul Durbin (que se apoya ampliamente en John Dewey) reclama un activismo social en el que los propios científicos tendrían un papel central para ocuparse de los problemas sociales suscitados por su trabajo. Según él, sólo el activismo social progresista puede ofrecer alguna esperanza de resolver ciertos problemas urgentes.

6. El enfoque tradicional de la evaluación de tecnologías y su crisis

La ciencia y la tecnología se han convertido en recursos estratégicos políticos y económicos tanto para los Estados como para las industrias. Pero aunque los ciudadanos son conscientes de las ventajas que a su bienestar puede aportar el desarrollo tecnocientífico, hay igualmente (sobre todo desde finales de los años 60) una conciencia acentuada de que el cambio tecnológico está en la base de muchos de los problemas ambientales y sociales.

En respuesta a este dilema, muchos países han buscado una solución mediante un enfoque consistente en separar las actividades de promoción de la innovación técnica respecto de las de control y regulación. La creación en 1972 de la Oficina de Evaluación Tecnológica (OTA), con labores de asesoría al Congreso de los EEUU, marca el inicio "oficial" de esta tendencia, que fue adoptada más tarde por otros países. Sin embargo, su objetivo de suministrar alertas tempranas y perspectivas de futuros impactos sirvió sólo para corregir en todo caso ciertos desajustes una vez que la tecnología se implantaba. Además, se ha denunciado su "retórica tecnocrática" al servicio de intereses políticos y económicos. La consecuencia ha sido la mera legitimación a posteriori de las tecnologías introducidas, sin posibilidades de influir en su configuración y aplicación.

Para muchos, este paradigma evaluativo ha llegado, pues, a su límite, y hay que pasar a enfoques en los que se tenga en cuenta la dinámica de la tecnología en la sociedad, considerando que sus efectos sociales no dependen sólo de factores técnicos, sino de la forma en que los impactos son percibidos o evitados por diversos actores sociales. Igualmente se ha visto la necesidad de abrir la "caja negra" del enfoque economicista: los juicios de valor ocultos bajo la preeminencia fáctica de la búsqueda de mayores rendimientos o la excelencia técnica.

Una de las claves para explicar el agotamiento del modelo tradicional de evaluación de riesgos es la constatación de que dicha evaluación es igualmente una construcción social, que depende de persuasión, negociación y pugna entre distintos actores sociales, y desde luego algo muy alejado de la imagen clásica de racionalidad objetiva. Para Kristin Shrader-Frechette las evaluaciones de riesgo habituales son sospechosas y engañosas, escondiéndose en ellas falacias y presuposiciones (como las que subyacen en el análisis de costes/beneficios), así como juicios de valor. Ha realizado detallados estudios que muestran cómo ante la incapacidad de acuerdo entre distintos tipos de técnicos, el conflicto se cierra porque la agencia evaluadora selecciona sólo la información que apoya los intereses que se pretende favorecer. Los científicos también derivan sus análisis "objetivos" de riesgos a partir de modelos sociales implícitos, que nunca se someten a debate. Hay que introducir el nivel de objetivos éticos y sociales en la justificación de las tecnologías, lo que permite defender la creación de mecanismos democráticos de participación pública en la evaluación y política de la ciencia y la tecnología (apoyándose esta autora para ello en el neo-contractualismo de John Rawls).

Dorothy Nelkin es una de las que más han contribuido a la caracterización de los debates sobre tecnologías, desvelando cómo los distintos intereses y valores puestos en juego facilitan o dificultan su resolución. Su tipología de las disputas distingue entre aquellas en las que ciertos grupos sociales ven amenazados determinadas cosmovisiones o valores morales y religiosos y aquellas en las que sólo entran en juego intereses contrapuestos entre distintos actores sociales. Las primeras son de difícil resolución, ya que los argumentos técnicos son incapaces de modificar las posturas, mientras que las segundas pueden resolverse mediante negociación, distribución equitativa de riesgos y beneficios, medidas de compensación, etc. La consideración de cuestiones sociales y morales de una práctica científico-tecnológica particular puede revestir más importancia que cualquier detalle de contrastación científica.

Para Webster, el papel creciente de los grupos de presión (ecologistas, asociaciones de consumidores) y de "Tecnología alternativa" refleja, más que su ignorancia o rechazo de la ciencia, una protesta por la falta de oportunidades de participar e influir en la toma de decisiones. No es lo mismo "participación pública" (recurso cosmético) al servicio del poder, que "control democrático" sobre la ciencia y la tecnología. Esto último señala que lo que se está dirimiendo (y lo que hay que discutir) es el tema del reparto de poder político a la hora de configurar y aplicar la tecnociencia, cosa que está lejos de depender exclusivamente del papel de los expertos. Irremisiblemente, la ciencia y la tecnología se han politizado y vuelto más complejas, y su imagen benefactora ya no se da por supuesta, ni sus practicantes pueden pretender mantener su estatuto tradicional en la sociedad.

7. Hacia una evaluación constructiva de tecnologías

La inoperancia del modelo de evaluación tradicional, junto con la presión social cada vez más intensa, que pide una mayor implicación de los ciudadanos en las decisiones tecnológicas ha impulsado nuevos modelos constructivistas, como una vía más adecuada para evaluar y gestionar los riesgos e intentar gobernar el cambio tecnológico. Se habla de un nuevo paradigma, denominado Evaluación Constructiva de Tecnologías (ECT). En dicho enfoque se destierra definitivamente la pretensión de una evaluación objetiva y neutral ligada a la opinión exclusiva de expertos, dando más importancia a las opciones sociales y culturales asociadas a ciertas tecnologías y a la socialización de la toma de decisiones. No se puede seguir manteniendo el estricto reparto de papeles entre promotores y controladores, sino que debemos centrarnos en aprender a gestionar esta responsabilidad compartida, implicando a las comunidades afectadas en el proceso de toma de decisiones.

Las actividades de diseño tecnológico deben incluir, desde el principio, el análisis de impactos sociales y ambientales. Pero puesto que es imposible predecir totalmente impactos futuros, y el cambio tecnológico está conducido parcialmente por la experiencia histórica de los actores conforme aquel se va desplegando, se concluye que uno de los objetivos principales de la ECT debe ser la necesidad de experimentación y aprendizaje social como parte integral de la gestión de la tecnología. En este sentido es alentador comprobar que en ciertos países, como en Holanda y Dinamarca, se han introducido elementos de aprendizaje social en el control de nuevas tecnologías, como la Ingeniería Genética. La misma OCDE, en su informe de 1988 sobre "Nuevas tecnologías en los 80: una estrategia socioeconómica", recoge y admite la pertinencia del concepto de ECT.

Brian Wynne ha sido uno de los autores más activos en el nuevo paradigma evaluativo, habiendo abordado el estudio de riesgos en un contexto de aprendizaje social. Su enfoque es reflexivo: presta atención a lo que la tecnología refleja y reproduce por medio de valores, formas culturales y relaciones sociales previos. Frente a la opinión tecnocrática de que la percepción pública de los riesgos es a menudo irracional, Wynne mantiene que tal percepción recoge símbolos, valores y conocimientos esenciales para contextualizar las tecnologías e integrarlas socialmente. Siguiendo la teoría cultural de Mary Douglas, la reflexividad del aprendizaje social implicaría la exposición, investigación y debate sistemático de los modelos sociales implícitos y de los supuestos que estructuran los análisis "factuales" de la tecnología. De esta manera, se traerían a la plaza pública (para su escrutinio) compromisos implícitos que incluyen desde hipótesis virtuales sobre cómo organizar la sociedad hasta prescripciones sociales duras para que la sociedad se acomode a la tecnología. Esto significa también que los "expertos" deben ser espoleados por la crítica y la controversia social, para mirar no sólo al panorama sociopolítico en el que implantar las tecnologías, sino al interior de sus propios marcos previos y a sus modelos sociales conformadores. Este estímulo constructivo requiere un marco institucional que reconozca la necesidad de un tratamiento sistemático y explícito de estas cuestiones.

Esto conduce a admitir que, necesariamente, la evaluación de la tecnología ha de politizarse para ser operativa, y plantea la espinosa cuestión de si las democracias representativas existentes están preparadas para dar cabida a algún tipo efectivo de gestión participativa de la tecnología. Los problemas teóricos y prácticos al respecto pueden parecer, en efecto, abrumadores. La estructuración cognitiva e institucional hacen que el cambio tecnológico sea complicado, pero no imposible: el estudio de casos históricos muestra que es posible en principio modificar las trayectorias tecnológicas mediante la acción concertada de diversos actores sociales y el aprovechamiento de coyunturas favorables. Los experimentos de aprendizaje social deben considerarse como ámbitos en los que se especifican las tecnologías, se definen las necesidades sociales, y se ponen a prueba las representaciones de los usuarios. Requieren que se facilite toda la información a todos los participantes y si queremos que sean operativos, seguramente habrá que crear imaginativas instituciones no controladas por ningún grupo de poder o de presión, que tengan influencia real a la hora de configurar el control político sobre la tecnología. Igualmente se requerirán nuevos modelos teóricos (alejados de la simpleza y linearidad de los antiguos) que permitan facilitar la respuesta a la pregunta de cómo evitar el atrincheramiento social de ciertas tecnologías o la pérdida de opciones positivas debido a que otras alternativas no sean debidamente valoradas.

Una de las inercias mayores que se tendría que resolver es la del modelo económico imperante (asociado al imperativo de proliferación de control tecnológico en todos los ámbitos de la vida humana, y a la idea de "progreso"). Desde el análisis económico, ya no cabe mantener que la tecnología sea un factor exógeno del crecimiento económico, ni que los indicadores económicos al uso midan correctamente muchos de sus costes sociales y ambientales. La tecnología es de hecho, un factor endógeno, que se adapta y se selecciona por los requerimientos y necesidades de la sociedad. La viabilidad de una tecnología no sólo depende de factores económicos, sino también de los sociales, éticos y políticos. La noción tradicional de mercado pierde así su significado, y la intervención del estado ya no se puede predicar solamente bajo los supuestos de fallos del mercado. Las nuevas "reglas de juego" deben garantizar que los efectos adversos de las tecnologías sean menos dañinos que si se dejara libre competencia para todos. Dichas reglas deberían establecerse antes de que los intereses invertidos adquieran privilegios (y las tecnologías en cuestión se atrincheren socialmente) y de modo que la lucha competitiva no amenace con su aplicación compulsiva e indiscriminada. De ahí, de nuevo, la necesidad de un aprendizaje social que garantice una retroalimentación continua que haga que la evolución del sistema tecnológico y económico se adapte a las necesidades sociales y no amenace la viabilidad ecológica. De esta manera, como dice Medina (1992), sin renunciar por completo a la intervención tecnocientífica (algo impensable e irrealizable), se favorecería una cultura y un entorno en los que pudieran coexistir dominios tecnocientíficos junto con dominios sociotécnicos de otro tipo, en los que se podría preservar no sólo el rico patrimonio natural, sino también las diversidades culturales y formas de vida social valiosas.

BIBLIOGRAFÍA

AGAZZI, E. (1996): El bien, el mal y la ciencia. Madrid: Tecnos.

ALONSO, A., AYESTARÁN, I., URSÚA, N. (eds.) (1996): Para comprender Ciencia, Tecnología y Sociedad. Estella: Verbo Divino.

ASHMORE, M: (1989): The reflexive thesis: writing Sociology of Scientific Knowledge. Chicago: Chicago University Press.

BIJKER, W.E., LAW, J. (eds.) (1992): Shaping technology/Building society. Studies in sociotechnical change. Cambridge, Massachussets: MIT Press.

BIJKER, W.E., HUGHES, T.P., PINCH, T. (eds.) (1987): The social construction of technological systems. Cambridge, Massachussets: MIT Press.

BROWN, H.I. (1983): La nueva filosofía de la ciencia. Madrid: Tecnos.

BUNGE, M. (1983): La investigación científica (2ª ed.). Barcelona: Ariel.

CALLON, M. (1995): "Technological conception and adoption network: Lessons for the CTA practiotioner" En A. Rip, T.J. Misa, J. Schot (eds.), Managing Technology in Society, pp. 307-330. Londres: Pinter.

COLLINS, H.M. (1983): "An empirical relativist programme in the Sociology of Scientific Knowledge". En K. Knorr-Cetina y M. Mulkay (eds.)

DÍEZ CALZADA, J.A. (1989): "La revuelta historicista en filosofía de la ciencia". Arbor, vol. 134, pp. 69-96.

DURBIN, P.T. (1992a): Social responsability in science, technology and medicine. Bethlehem: Lehigh University Press.

DURBIN, P.T. (1992b): "Cultura y responsabilidad técnica", en J. Sanmartín, S.H. Cutcliffe, S.L. Goldman, M. Medina (eds.): Estudios sobre ciencia y tecnología, pp. 89-105. Barcelona: Anthropos.

ECHEVERRÍA, J. (1995): "El pluralismo axiológico de la ciencia". Isegoría, (Madrid), núm. 12, pp.44-79.

ECHEVERRÍA, J. (1996); Filosofía de la ciencia. Madrid: Akal.

GOLDMAN, S.L. (1989): Science, Technology and Social Progress. Bethlehem: Lehigh University Press.

GOLDMAN, S.L. (1992): "Ninguna innovación sin representación: La actividad tecnológica en una sociedad democrática". En J. Sanmartín, S.H. Cutcliffe, S.L. Goldman, M. Medina (eds.): Estudios sobre ciencia y tecnología, pp. 269-286. Barcelona: Anthropos.

GONZÁLEZ GARCÍA, M.I., LÓPEZ CEREZO, J.A., LUJÁN LÓPEZ, J.L. (1996): Ciencia, Tecnología y Sociedad. Madrid: Tecnos.

GYERIN, T.F. (1982): "Relativist/Constructivist programmes in the sociology of science: redundance and retreat". Social Studies of Science, núm. 12, pp. 279-297.

HACKING, I. (1983): Representing and Intervening: Introductory topics in the philosophy of natural science. Cambridge: Cambridge University Press.

HACKING, I. (comp.) (1985): Revoluciones científicas. México: Fondo de Cultura Económica.

HANSON, N.R. (1985): Patrones de descubrimiento. Observación y explicación. Madrid: Alianza Editorial.

HUGHES, T. (1983): Networks of power: electrification in Western society 1880-1930. Baltimore: John Hopkins University Press.

HUGHES, T.P. (1987): "The evolution of large technological systems", en W.E. Bijker, T.P. Hughes, T. Pinch (eds.) (1987): The social construction of technological systems, pp. 51-82. Cambridge, Massachussets: MIT Press.

KNORR-CETINA, K, MULKAY, M. (eds). (1983): Science observed: Perspectives on the Social Study of Science. Londres: SAGE.

KUHN. T.S (1975): La estructura de las revoluciones científicas. México: Fondo de Cultura Económica.

LAKATOS, I. (1974): La historia de la ciencia y sus reconstrucciones racionales. Madrid: Alianza Editorial.

LATOUR, B. (1992): Ciencia en acción. Barcelona: Labor.

LATOUR, B. WOOLGAR, S. (1996): La vida en el laboratorio. Madrid: Alianza Editorial.

LAUDAN, L. (1993): La ciencia y el relativismo. Madrid: Alianza Editorial.

LOSEE, J. (1976): Introducción histórica a la filosofía de la ciencia. Madrid: Alianza Editorial.

LOSEE, J. (1989): Filosofía de la ciencia e investigación histórica. Madrid: Alianza Editorial.

MEDINA. M. (1992): "Nuevas tecnologías, evaluación de la innovación tecnológica y gestión de riesgos". En J. Sanmartín, S.H. Cutcliffe, S.L. Goldman, M. Medina (eds.): Estudios sobre ciencia y tecnología, pp 163-194. Barcelona: Anthropos.

MEDINA, M. (1995): "Tecnología y filosofía: más allá de los prejuicios epistemológicos y humanistas. Isegoría (Madrid), núm. 12, pp. 180-197.

MÉNDEZ SANZ, J.A., LÓPEZ CEREZO, J.A. (1996): "Participación pública en política científica y tecnológica". En A. Alonso, I. Ayestarán y N. Ursúa (eds.): Para comprender Ciencia, Tecnología y Sociedad, pp. 287-296. Estella: Verbo Divino.

MERTON, R.K. (1973): The sociology of Science. Chicago: Chicago University Press.

MITCHAM, C. (1989): ¿Qué es la filosofía de la tecnología?. Barcelona: Anthropos.

NELKIN, D. (1995): "Science controversies. The dynamics of public disputes in the United States". En S. Jasanoff, G.E: Markle, J.C. Petersen, T. Pinch (eds.), Handbook of Science and Technology Studies, pp. 444-456. Thousands Oaks: SAGE Publications.

PACEY, A. (1990): La cultura de la tecnología. México: Fondo de Cultura Económica.

PÉREZ DE LABORDA, A. (1983): ¿Salvar lo real? Materiales para una filosofía de la ciencia. Madrid: Encuentro Ediciones.

RIP, A., MISA, T.J., SCHOT, J. (1995): "Constructive Technology Assessment: a new paradigm for managing technology in society". En A. Rip, T.J. Misa, J. Schot (eds.), Managing Technology in Society, pp. 1-12. Londres: Pinter.

SANMARTÍN, J., ORTÍ, A. (1992): "Evaluación de tecnologías", en J. Sanmartín, S.H. Cutcliffe, S.L. Goldman y M. Medina (eds.) (1992): Estudios sobre ciencia y tecnología, pp.42-66. Barcelona: Anthropos.

SANMARTÍN, J., CUTCLIFFE, S.H., GOLDMAN, S.L., MEDINA, M. (eds.) (1992): Estudios sobre ciencia y tecnología. Barcelona: Anthropos.

SHRADER-FRECHETTE, K.S. (1991) Risk and racionality: philosophical foundations for populist reforms. Berkeley: University of California Press.

SOETE, L. (1995): "(Constructive) Technology Assessment: an economic perspective. En A. Rip, T.J. Misa, J. Schot (eds.), Managing Technology in Society, pp. 37-49. Londres: Pinter

STEWARD, F. (1995): "Risk analysis and rival technical trajectories: consumer safety in bread and butter". En A. Rip, T.J. Misa, J. Schot (eds.), Managing Technology in Society, pp. 111--133. Londres: Pinter

TORRES, C. (1994): Sociología política de la ciencia. Madrid: CIS-Siglo XXI.

TORRES, C. (1996): "Una revolución en las estructuras conceptuales de la ciencia: la obra de T.S. Kuhn", en A. Alonso, I. Ayestarán y N. Ursúa (eds.): Para comprender Ciencia, Tecnología y Sociedad, pp.125-131. Estella: Verbo Divino.

VÁZQUEZ, J. (1988): "T.S. Kuhn: cambio de marcha en Filosofía de la Ciencia". Arbor, vol. 131, núm. 514, pp. 81-97.

VERGRAGT, P.J. (1988): "The social shaping of industrial innovations". Social Studies of Science, vol. 18, pp. 483-513.

WEBSTER, A. (1991): Science, Technology and Society. New directions. Londres: Macmillan.

WINNER, L. (1987): La ballena y el reactor. Barcelona: Gedisa.

WINNER, L. (1989): "Science, Technology and the theory of Progress". En S.L. Goldman (ed.), Science, Technology and Social Progress", pp. 48-64. Bethlehem: Lehigh University Press.

WINNER, L. (1991): "Upon opening the black box and finding it empty: Social constructivism and the Philosophy of Technology". En J. Pitt y E. Lugo (eds.), The Technology of Discovery and the Discovery of Technology, Blacksburg (VA): SPT/Virginia Polytechnic Institute and State University.

WOOLGAR, S. (1988): Science: the Very Idea. Londres: Tavistock.

WYNNE, B (1995): "Technology Assessment and reflexive social learning: Observations from the risk field. En A. Rip, T.J. Misa, J. Schot (eds.), Managing Technology in Society, pp. 19-36. Londres: Pinter.

ZIMAN, J. (1996): "Is science losing its objectivity?". Nature, vol. 382, pp. 751-754.